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Decir que el argumento de Bioshock es de película, es quedarse corto. Es una historia que perfectamente podría estar entre la biblioteca de Julio Verne y que comienza con Rapture, una ciudad submarina, onírica, utópica. En ella vive una sociedad perfecta, viviendo en una ciudad perfecta, sin límites políticos, económicos o religiosos. Una ciudad donde sólo los más grandes hombres son invitados a vivir en ella para que abran todo su potencial creativo y lo compartan con el resto. Entonces, ¿cómo pudo terminar todo tan mal?
ADAM es la respuesta. Sustancia extraída de un alga que sólo vive en las enormes profundidades subacuáticas donde reside Rapture. El ADAM permitía modificar genéticamente a los seres humanos, cambiar su apariencia, su poder mental y físico, evitar la muerte... Gracias al ADAM cualquier cosa era posible, desde crear fuego con las manos, congelar objetos, modificar máquinas y, lo peor de todo, manipular las mentes.
La combinación de ADAM y ser humano fue lo peor que le pudo pasar a Rapture. La guerra civil se cernió en esta ciudad submarina, y con los poderes que el ADAM otorgaba pronto se destruyeron unos a otros. Rapture fracasó.
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