El secreto es la perspectiva Con el stick moveremos el escenario, más concretamente el ángulo de visión, de forma que cambiando esta perspectiva cambia por completo la perspectiva del nivel. De este modo podremos crear caminos donde antes no había para que el maniquí pueda continuar y llegar hasta las sombras.
Un ejemplo práctico es situar dos plataformas separadas entre sí que, al cambiar y rotar la perspectiva, se hacen coincidir los límites de ambas de modo que en realidad parezca un solo camino. O si tapamos un agujero con una columna, el agujero deja de existir, y por lo tanto el maniquí podrá continuar su camino. En Echochrome deberemos dejar de pensar en tridimensional y dar por supuesto las perspectivas, una tarea muy difícil ya que nuestro cerebro tiende a interpretar de forma natural las líneas y situarlas en un entorno regido por el largo, ancho y fondo. Aquí lo que ves es lo que es.
Además de la perspectiva Echochrome tiene dos obstáculos principales. El primero son los agujeros negros, si el maniquí tropieza con uno de estos agujeros caerá al vacío. El segundo son los agujeros blancos, útiles para hacer saltar al personaje hacia plataformas superiores pero mortales si no calculamos bien. Utilizando estos agujeros blancos y negros, y modificando la perspectiva simultáneamente, podremos llegar a zonas del nivel aparentemente imposibles de alcanzar. No tenemos control directo sobre el maniquí a excepción de hacerlo parar o darle la orden de continuar, y caer al vacío o fallar en un salto sólo repercutirá en una pérdida de tiempo, puesto que el maniquí no muere nunca.
Difícil e infinito Echochrome no es un juego para todos. Su nivel de dificultad es muy alto desde el principio porque tenemos que dejar de interpretar las dimensiones y acostumbrarnos a aceptar lo que vemos. Además, el propio diseño de los niveles y la extraña mecánica del juego hace que la solución nunca sea fácil de ver, obligándonos a mover el escenario en todas las direcciones hasta encontrar esa perspectiva que permita al maniquí seguir adelante. Una vez encontramos las perspectivas y los ángulos correctos es fácil batir nuestro récord repitiendo los niveles.
Echochrome tiene 56 niveles diferentes, que pueden parecer pocos, pero el desafío es enorme desde el primer nivel. Además el mismo concepto del juego hace que no haya una única solución para cada escenario. Dependiendo de cómo utilicemos las perspectivas podremos crear diferentes caminos, a medida que juguemos más y consigamos más experiencia en el control de los ángulos de la cámara podremos crear atajos aparentemente inexistentes en las primeras horas de juego.
Si nos cansamos, o terminamos los 56 niveles, siempre podremos acudir al editor que integra el juego para crear y compartir online nuestras creaciones. La descarga de nuevos niveles es otro de los atractivos de Echochrome que así se vuelve infinito.
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