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Sin duda, Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots cumple con todo lo que el poseedor de una PS3 esperaba. Una licencia exclusiva, un juego con la jugabilidad, los gráficos y el sonido que se merecen y, además, un título que supone un final épico para más de 20 años de saga.
Snake, siempre Snake El argumento del juego se sitúa cinco años más tarde de los acontecimientos de Metal Gear Solid 2. Snake ha comenzado a parecer lo que ya se había anunciado en anteriores juegos, es decir, un envejecimiento prematuro por ser un clon de Big Boss.
Nada más comenzar la historia recibirá la visita de un viejo conocido, Roy Campbell su antiguo coronel, y ahora consejero de la ONU. Tiene una misión para Snake: detener a Liquid que ahora vive en el cuerpo de Ocelot. Sí, una vez más, Snake tendrá que ir en una misión de infiltración.
Sin embargo, la guerra ha cambiado. Todo está controlado y dominado por grandes organizaciones militares, y Snake tendrá que hacer frente a enemigos sin miedo a nada, controlados por nanomáquinas y por ende los Patriots. Un concepto recurrente desde el primer Metal Gear Solid.
No os contaremos más del argumento del juego, porque sería desvelar una de las tramas mejor elaboradas de los últimos años en videojuegos. Eso sí, deciros que no os centraréis sólo en un lugar. Visitaréis escenarios de guerra en África, Suramérica o Europa del Este. Por supuesto tendremos Metal Gears e incluso algunas sorpresas que nos llevarán a remover en el pasado de Snake.
Además, el argumento esta lleno de bromas muy al estilo Kojima o el hecho de ver cameos muy especiales. Os daríamos ejemplos, pero sería estropear las mejores sorpresas del juego.
Lo que sí os adelantamos es que todos los enigmas que salieron en anteriores juegos de la serie Metal Gear serán totalmente desvelados, para que por fin lleguemos a uno de los finales más apoteósicos de una saga.
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